El diseñador en la frontera

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“La globalización nos ha conducido a imaginar de otro modo nuestra ubicación geográfica” y cuando se vive en la frontera, “el otro pedazo de México”, donde se juntan dos países, ese lugar donde igual se celebra el Thanksgiving que las posadas, donde da lo mismo si traes dólares o pesos, y donde toda la gente tiene su nivel básico de inglés playero, a veces no sabemos de qué lado nos encontramos y realmente ignoramos si estamos dejando ir nuestras tradiciones o si, malévolamente, las nuevas las están reemplazando, y nos quedamos en el limbo, entre el otro lado y el nuestro.

En el diseño, influye mucho estar en este limbo. Por una parte, nos ayuda a abrir horizontes, a ver, y a veces imitar, lo que se está haciendo en uno de los países más importantes del mundo, conocemos las nuevas tendencias y las adoptamos como propias.

Por otro lado, este sentimiento de que el americanismo nosconsume, nos lleva al otro extremo. Al rescate de lo nuestro, al homenaje a los luchadores y los mil colores de esos que sólo se ven en los rebozos, las tipografías góticas microbuseras o las calaveritas de día de muertos. Pero de ambas partes, surge la nueva mezcla cultural, donde se exalta al intermedio. Se venera lo chicano, al posho que se siente orgulloso de ser mexicano aunque tenga el acento gringo y, ¿por qué no?, lo norteño, lo kitsch de la banda, la música grupera y los narco corridos, basta con ver algunos diseños del colectivo Nortec con su página en spanglish

Lo bueno de la frontera es que te puedes encontrar de todo. Para mí es un lugar de inspiración, porque te puedes topar cosas curiosas que en otras partes de México no hay. Desde los carros chocolates, como los hondas ochenteros con placas de California, hasta los dulces americanos 100% sintéticos, las casas con fachadas gringas, la machaca, la fanta de fresa… Además el otro lado nos queda a un paso, y lo que queramos conseguir que aquí no lo tengamos, allá lo podemos encontrar. En general el lado bueno es que podemos tomar algo, aunque sea poquito, en esa inmensa mezcla cultural, para mí vivir en la frontera me trae mucha inspiración, y eso es lo mejor de todo.

Lo malo, es que pienso que aun somos una región muy joven, con respecto al diseño. Se menosprecia mucho en este lado del país, principalmente porque no hay mucho conocimiento sobre él. Me ha tocado que cuando la gente me pregunta qué estoy estudiando, hacen su cara de que no tienen ni idea de lo que es el diseño gráfico. Ésta ignorancia, también nos hace abaratar nuestro trabajo, pues la gente, al no saber realmente en qué consiste nuestra labor, no le ve dificultad, hay muchos que a penas y lo consideran como un verdadero trabajo y, naturalmente, se niegan a pagar por algo que “ellos pudieran hacer”.

En conclusión, aunque se menosprecie nuestro trabajo, me gusta estar aquí. Creo que los que vivimos en el norte sabemos que acá es otro mundo. Vivir en la frontera nos deja ver lo que se está haciendo del otro lado, de acogerlo si queremos, de ir en contra de él y hasta de aprovecharlo. Pienso nos hace notar que ya somos una mezcla y al darnos cuenta de esto, nos da esa inquietud de buscar originalidad y luchar porque lo nuestro también tenga voz y voto y no se quede perdido entre “lo que se reemplazó porque todos querían lo del otro lado”.

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias:

1.-La Globalización Imaginada, Néstor García Canclini página 165, Editorial Paidos, 1999.

 

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